tres cosas

Hay tres cosas que me hacen estar alegre. La primera, cómo te diría… la primera eres tú. No es porque yo lo diga. Es porque me pasa. Ocurre que te veo y ya no soy yo sino tú disfrazado de yo o, lo que es lo mismo, yo contigo ocupando ese lugar común que tanto nos gusta.

La segunda de las cosas que me provoca bienestar también eres tú. Aunque, a diferencia de la primera, ahora me refiero a los momentos en los que no te veo ni puedo tocarte o conectar mi mirada con la tuya. Todo sucede aquí dentro, no sé bien si en la cabeza o en el corazón, que también es cabeza porque tú sabes, como yo, que lo rojo que llevamos en el pecho sólo bombea sangre y que es lo que está detrás de esos ojos tan bonitos quien manda en lo tuyo y en lo mío. Lo que pasa es que el cerebro también tiene su corazón, pequeñito y matón.

Y la tercera, y última de las realidades que me hacen dichoso, es vivir el momento de volver a encontrarte. No porque estuvieras perdida y, aunque escuchase tus pasos, ignorase donde puedo buscarte o cómo llegar hasta ti. No es eso. Sé lo que digo (y lo que pienso). También lo que siento. Es grande, mayúsculo, extenso, vasto, diría más bien, el cómo me estremezco cuando paso de recordarte a verte, cuando transito por ese espacio tan corto y me digo a mí mismo

—¿ves, incrédulo? vuelves a estar con ella de nuevo. Ya estás feliz otra vez.

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