A Ernesto le cogió la vida con el pie cambiado y fue feliz cuando menos lo esperaba. Afortunadamente, ocurrió durante los últimos años, evitando de esta forma el dolor de una nostalgia inservible y agria. Mejoró Ernesto cuando los demás se lamentaban y disfrutó de los atardeceres desde una terraza con vistas al mar, pensando que la brisa que acariciaba…