Categoría: relatos

Piedras

Me devoró en tan solo unos meses, sin dejar migaja alguna que pudieran recoger aquellos que un día fueron mis amigos. Ni rastro encontraron de lo que había sido, perdiéndome para siempre. «Simplemente, se fue. Desapareció.», relataban sorprendidos. Y, finalmente, aliviados. Desde su estómago, aprendí a quererme y fui consciente del engaño al que estuve sometido en mi vida anterior.…

las carretillas deben volar

«Las carretillas se las lleva el viento cuando no transportan más que hojas secas». De esta manera comenzaba el trabajo de redacción que Lillo había ejecutado durante la tarde del domingo, no sin antes haber sido advertido por mamá de las consecuencias de no llevarlo a cabo. Al chico se le atragantó pensar que no podría ir al campo con…

Desconchados Márquez

Emparedar un cadáver no es tarea fácil. En primer lugar, hay que matar a alguien, lo que exige ser un monstruo o haber padecido tanto como para engendrarlo desde las propias entrañas. Es más, carece de sentido lo primero sin lo segundo, pues se esconde aquello que no deseamos se encuentre. De adolescente ocultaba los cigarrillos en el registro del…

siempre hay un roto para un descosido

—No le puedo asegurar que sea la comida —espetó el doctor sin dejar de mirar las manos de Gonzalo Bonsalve. Las mantenía agarradas, moviéndolas para observar alguna otra señal. —Tampoco creo que salir hasta altas horas de la madrugada, según sus elucubraciones, tenga que ver y descarto la razón genética, pues tiene usted, corríjame si me equivoco, ya cincuenta y…

Salir

Salir hacia ninguna parte, caminando si es necesario. Donde te lleven los pies sin dar oportunidad a un porqué. Salir de aquí, de esto, de todo y de nada. Ya habrá tiempo para pensar que debí quedarme quieto, pues todo resultó en un sueño. En el mejor de los casos, en nada; en el peor, atrapado en un destino sin…

la fábrica de voces

A Ernesto le cogió la vida con el pie cambiado y fue feliz cuando menos lo esperaba. Afortunadamente, ocurrió durante los últimos años, evitando de esta forma el dolor de una nostalgia inservible y agria. Mejoró Ernesto cuando los demás se lamentaban y disfrutó de los atardeceres desde una terraza con vistas al mar, pensando que la brisa que acariciaba…

tarde

Saldré pronto del trabajo, caminando a paso rápido para llegar a tiempo de ver como te vistes y sales de casa, calle abajo hacia ninguna parte. Si regresas, volveré a darte una excusa para vestirte deprisa, como si llegaras, otra vez, tarde al trabajo.