—No le puedo asegurar que sea la comida —espetó el doctor sin dejar de mirar las manos de Gonzalo Bonsalve. Las mantenía agarradas, moviéndolas para observar alguna otra señal. —Tampoco creo que salir hasta altas horas de la madrugada, según sus elucubraciones, tenga que ver y descarto la razón genética, pues tiene usted, corríjame si me equivoco, ya cincuenta y…