Despedirse (oficialmente) del verano cuesta muy poco. De hecho, ni siquiera me acordaba de él desde que dejó de serme útil. Para mí, había desaparecido con la llegada del primero de septiembre, día en el que decenas de rutinas volvieron a ocupar mis pensamientos. Esta semana se fue. Recibí la noticia con indiferencia. Apenas basta una quincena para olvidar algo…