Me devoró en tan solo unos meses, sin dejar migaja alguna que pudieran recoger aquellos que un día fueron mis amigos. Ni rastro encontraron de lo que había sido, perdiéndome para siempre. «Simplemente, se fue. Desapareció.», relataban sorprendidos. Y, finalmente, aliviados. Desde su estómago, aprendí a quererme y fui consciente del engaño al que estuve sometido en mi vida anterior.…