Trátennos como adultos

Es un clásico que no podía faltar a la cita. El debate sobre las pensiones ha estado sobre la mesa desde la llegada de la democracia, si bien se ha ido empobreciendo hasta el punto en el que nos encontramos: los ciudadanos sabemos poco de las cuestiones técnicas y en los extremos encontramos quienes creen que hay una hucha que algunos desean romper y quienes apuestan por un sistema en el que cada palo aguante su vela. En mitad de todo este lodazal de voceros, existen personas sometidas a una gran incertidumbre, ante una jubilación inmediata y otras, mucho más jóvenes, se sienten ignoradas por el sistema.

La democracia y las pensiones

Desde el inicio de la democracia, se luchó para conseguir una protección social lo más amplia posible. El sistema, de reparto, implica que los que hoy trabajamos, aportamos el efectivo necesario para satisfacer las pensiones de quienes ya lo hicieron antes. Con las debidas condiciones, esto nos dará derecho a percibir una pensión en el futuro. El sistema ha de ser financieramente sostenible y de ahí las reformas emprendidas, que nunca fueron bien aceptadas. Por poner un ejemplo, al PSOE de Felipe González le montaron una huelga general por aumentar de 2 a 8 años el período de cómputo para calcular la pensión. Antes de esta decisión, se tenían en cuenta las nóminas de los dos últimos años para calcular la pensión de por vida, lo que generaba incentivos perversos como puede suponer el lector. Se hubiera hecho lo que se hubiera hecho, el importe de la pensión dependía solamente de los dos últimos años ¡Se estaban comprando las pensiones! Y el sistema iba directo a la bancarrota, por lo que fue un acierto aumentar los años de cálculo. Resultado, una huelga general que paralizó el país, incurriendo en pérdidas millonarias ¿Quién pensó entonces en los que ahora, 2026, se jubilan? De entre las filas de los convocantes, nadie. Aquello ocurrió en el año 1985.

En los sucesivos años, han ido desarrollándose reformas, todas ellas criticadas en mayor o menor medida. Persiguen que el sistema de reparto siga funcionando. Y aquí haríamos un paréntesis importante, pues resulta obligatorio señalar que, como bien apunta el profesor José A. Herce San Miguel , la Seguridad Social jamás ha dejado de atender un mes. Y es lo que seguirá ocurriendo, pues las pensiones se van a pagar siempre. Por esta razón, sus señorías deberían dejar de manosear este asunto y pasar a hablar de lo siguiente.

¿Cómo pagar las pensiones?

Cada vez vivimos más, unos mejor y otros peor, pero más. Y eso se traduce en un mayor gasto en prestaciones contributivas por lo que, para atenderlas, ya no basta con aquello que aportamos los que tenemos un empleo. Hay que echar mano de otros ingresos. El déficit contributivo de la Seguridad Social es de, aproximadamente, unos 55 mil millones de euros y estas estimaciones varían al alza si tenemos en cuenta las Clases Pasivas. Este déficit se está cubriendo con transferencias del Estado, es decir, con ingresos provenientes de impuestos. Este es el debate de fondo, cómo se pagan las pensiones. No existe ninguna hucha, pues el sistema tiene más gastos que ingresos y se requiere una inyección de los ingresos del Estado todos los años. La hucha tuvo sentido cuando la Seguridad Social contaba con más ingresos que gastos. Esto no ocurre desde 2012.

El debate

La ciudadanía debe saber que las pensiones se están pagando y se pagarán en el futuro y es recomendable que conozca el coste de oportunidad que implica restar recursos a otras partidas. Este y no otro es el objeto del debate, del que hablar abiertamente y sin el recurso al miedo. Tenemos derecho a conocer cuantas opciones estén a nuestro alcance y a hablar de ellas abiertamente, sin que nos traten como algo incapaz de discernir. Después de una vida trabajando, las pensiones son justas y necesarias. En un extremo, estas pueden ser universales y ser nutridas a través de impuestos, sin necesidad de cotizaciones. En el otro, financiadas exclusivamente a través de cotizaciones y complementadas con otros orígenes, como fondos de empresas y particulares. El sistema actual puede evolucionar hacia un modelo de cuentas nocionales. Existen tantas posibilidades como opciones contemplemos y todas ellas pasarán, necesariamente, por un gesto de solidaridad entre generaciones. La aplicación debe ser gradual, consensuada y sellada por mayorías cualificadas. Y es esta condición de obligado cumplimiento —el consenso— la razón por la cual deben ustedes tratar el asunto de las pensiones fuera de las campañas electorales. Pónganse a trabajar en ello pasadas las elecciones, aunque sea únicamente por sus votantes, que también se jubilarán en algún momento. Actualmente, los jóvenes están asumiendo el coste de oportunidad, pero no podemos perpetuar la carga sobre ellos, simplemente porque ustedes sean incapaces de acordar algo al respecto. El debate está en una reforma del sistema, no en si las pensiones van a desaparecer o reducirse. Dejen, señorías, las pensiones en paz y trátennos como adultos que somos.