Autor: Ramón Castro Pérez

Pies

Tengo los pies helados. Deben estar debajo de mis tobillos, porque de alguna manera puedo caminar. Si cierro los ojos, no están. Huyeron esta mañana, justo al bajar de la cama, cuando fui a pisar el suelo. La culpa, de las zapatillas de andar por casa, que han pasado la noche en el zapatero, haciendo el amor con los naúticos de…

En dos partes

Hace frío, pero fuera. Llevo prisa, por llegar. Me he caído, aunque puse las manos. Soy yo, de nuevo. He llegado, donde iba. Estoy, como quise estar. Me dolía, hasta que los vi sonreír. He comido, por fin. Eché de menos, y ya estoy. Esos ojos, tan bonitos. Está fregado, no pases. Sed, ya no tengo. Ganas de ti, no…

Esos maltratados

Admiten casi cualquier cosa, siempre que los maltrates. Desde luego, bien cuidados, no valen para lo que son. Lo normal, si abusas de ellos, es que acaben destrozados y que, encima, les eches la culpa de tus desgracias, como cuando las madres legendarias decían aquello de te está bien empleao, no llores que te doy más. De esas ya quedan…

La parada

Cuando despierta, advierte enseguida que su parada era esa. Resoplando, se resigna a bajarse en la siguiente. Le tocará coger el de vuelta o terminar andando unos cuatro kilómetros. Mientras se lo echa en cara para sus adentros, la chica morena no deja de mirarlo. Ella replica las palabras que parecen salir de sus labios. Cuando bajan, ella ya sabe…

Las uvas

Llevaba tres cuando recordé algo. Aquello me imposibilitó tomar la cuarta a tiempo y acabé perdiendo la cuenta. Todo por recordar que ya no soy un chiquillo con la cabeza llena de rizos y de pájaros, que ya no tengo estómago para comerme el mundo, que los cuarenta quedan lejos de narices y que las cosas que me vienen importando…

Moles, Celquisio, Fengaro y Guiperto

Moles está de vuelta. Estos días estuvo en casa de Celquisio arreglándole la cocina. No es que Moles sea apañado. Es que, antes de andar por aquí cerrando balances, se ganó la vida instalando encimeras y algún que otro cacerolero, de esos que deslizan tan bien, despacito y sin un ruido. Celquisio sigue viviendo en el mismo apartamento. No se…

Lo verde y lo demás

Este verde que me puede, que me atrapa y no me suelta. Por verde, hasta las mantillas de la mesa de camilla, que miran con envidia el negro selecto de la máquina de café, la pobre, llena de achaques. Tantos que no atina a llenar el vaso y vierte su dosis por todas partes, poniéndolo todo perdido. De suelo, terrazo.…