Autor: Ramón Castro Pérez

Pues acaba

Son tres o cuatro. Pero no cinco. Ni dos. Es cierto que al principio era uno, pero eso fue antes de ayer. Hoy son tres. O cuatro. Y no me hagas decírtelo otra vez. Si te gusta, lo coges. Si no, ya sabes lo que hay. Tres. O cuatro. Que quieres cinco. No hay. Pero menos, no te doy. Y…

La porra

Fermín por fin entró en la porra. Hay bote. Se juegan dos meses y medio de vacaciones, tres pagas extra, siete complementos y carta blanca para deducir dietas a tutiplén. Como Fermín nunca quiso jugar desde el principio, ha tenido que apoquinar 125 euros para ponerse al día. Ha exigido recibo y sello de Lucía, la administrativa. No se fía…

Fútbol

Carol lleva toda la vida en el segundo palo. Espera el centro de Luis. No uno cualquiera. Uno medido. Para poner la cabeza y empujar el balón del destino al lugar donde siempre debió estar. Todo hubiera sido más fácil, piensa mientras se desmarca de esos defensas que llevan tantos años impidiendo su felicidad. Todo sería distinto si Luis corriera…

Las impresoras

El lunes dejó de funcionar la impresora y estamos a jueves. Han vuelto a contratar a Paquita, a Consuelo y a María Dolores. Las tres suman la edad del planeta solamente en trienios. Han tomado posiciones esta mañana, echando de su sitio a Miguel. Dicen que ellas se sentaban ahí y que cómo se ha echado a perder todo. Que…

Solo ella

Si no iba a venir, solo que quería asomarse a ver cómo iba la cosa y, de paso, ver si estaba Merche. Ver si estaba sola, si tenía ganas de hablarle, si podía ser como hace un mes, cuando sus ojos brillaban de esa manera. No estaba. Alguien malintencionado le dijo que había ido al cine con un tal Sebas,…

Carmen

Francisco ha hecho migas. Juan, macarrones. Lola, su ensalada. Inés, un hervido. Felipe, sopa de fideos. Alberto, caracoles. Martina, rollitos, de primavera. Luis, tortilla. Isabel, lentejas. Carmen. Carmen ha comido de tapas. La han visto en ese bar de hombres que abre de seis a una, de la mañana. Carmen no es de tupper peliculero. Ella, de dados y cubilete,…

De las cosas

Gustaba de emplear parte de su tiempo observando los rincones de su casa. Solía sentarse en el suelo de cualquiera de sus habitaciones y atender a las imperfecciones. Advertía, entonces, que el rodapié no estaba completamente nivelado, que una de las patas del somier presentaba un rasguño, que la persiana no terminaba de cerrar bien, que la mampara de la…