Admiten casi cualquier cosa, siempre que los maltrates. Desde luego, bien cuidados, no valen para lo que son. Lo normal, si abusas de ellos, es que acaben destrozados y que, encima, les eches la culpa de tus desgracias, como cuando las madres legendarias decían aquello de te está bien empleao, no llores que te doy más. De esas ya quedan…
La parada
Cuando despierta, advierte enseguida que su parada era esa. Resoplando, se resigna a bajarse en la siguiente. Le tocará coger el de vuelta o terminar andando unos cuatro kilómetros. Mientras se lo echa en cara para sus adentros, la chica morena no deja de mirarlo. Ella replica las palabras que parecen salir de sus labios. Cuando bajan, ella ya sabe…
Las uvas
Llevaba tres cuando recordé algo. Aquello me imposibilitó tomar la cuarta a tiempo y acabé perdiendo la cuenta. Todo por recordar que ya no soy un chiquillo con la cabeza llena de rizos y de pájaros, que ya no tengo estómago para comerme el mundo, que los cuarenta quedan lejos de narices y que las cosas que me vienen importando…
Moles, Celquisio, Fengaro y Guiperto
Moles está de vuelta. Estos días estuvo en casa de Celquisio arreglándole la cocina. No es que Moles sea apañado. Es que, antes de andar por aquí cerrando balances, se ganó la vida instalando encimeras y algún que otro cacerolero, de esos que deslizan tan bien, despacito y sin un ruido. Celquisio sigue viviendo en el mismo apartamento. No se…
Lo verde y lo demás
Este verde que me puede, que me atrapa y no me suelta. Por verde, hasta las mantillas de la mesa de camilla, que miran con envidia el negro selecto de la máquina de café, la pobre, llena de achaques. Tantos que no atina a llenar el vaso y vierte su dosis por todas partes, poniéndolo todo perdido. De suelo, terrazo.…
Generoso
Cuando las ideas se esconden o no están, basta con acudir a él. Es sabio, aún sin pretenderlo. Humilde, trata de pasar desapercibido aunque es su propia naturaleza la que lo traiciona constantemente. Puede llamar la atención si estás solo o pensativo y es capaz de pasar de puntillas para todos aquellos que gustan de mirarse el ombligo, por no decir…
Equipaje
El estómago se encoge al acelerar. Se necesita mucha fuerza para levantar un avión de metal, cargado de impacientes pasajeros. Arrastrar todos esos planes por la pista, con sueños imposibles, deseos casi concedidos, cuentas por ajustar, objetivos que incumplir, besos para dar y lágrimas que contener, para bien o para mal. Ya es bastante, que puede levantar el morro el…