Autor: Ramón Castro Pérez

matrícula de honor

—¡Jose! Están aquí los padres de Alfredito Masquecosas. Quieren hablar contigo. Los he pasado a la sala de visitas. Asentí con la cabeza, dejé lo que estaba haciendo y me dirigí hacia la habitación. Dentro, dos señores de buen ver aguardaban a intercambiar impresiones conmigo. —¡Buenos días! —dije mientras tomaba asiento y ofrecía mi mano para saludarles. Continué, dirigiéndome a…

Soy

Llevo en mis huesos tus recuerdos y aún debo ser soporte de las ilusiones de otros. Me has lavado la cara, regalado los oídos y reforzado los puntos débiles. Tanto, que he llegado a convencerme de ser un viejo útil, un amasijo de virtudes incorruptibles. Noble y duradero, estoy listo para el próximo proyecto. Soy… de segunda mano.

de verdad

—¿Recuerdas cómo fue la última vez que estuvimos aquí? —me preguntó, sin dejar de mirar a la calle, con las manos metidas en los bolsillos. La luz que entraba por la ventana iluminaba su lado izquierdo. Estaba más delgado y los años habían conseguido un cabello más lacio y más gris. Sin embargo, seguía conservando aquel perfil del que me…

cohetes a Marte

Tardó lo suyo, pero la humanidad, finalmente, llegó a Marte. Miles de naves, cargadas de vidas y nuevas esperanzas, surcaban el vacío que separaba los dos planetas a través de rutas, cada vez, más rápidas e indoloras. Los primeros habitantes consiguieron afianzar la vida en su superficie y, en poco tiempo, lograron una atmósfera respirable. Todo se aceleró entonces y,…

un buen pueblo

En los pueblos, los institutos se construyen a las afueras. Tan cercanos al límite del casco urbano, que comparten espacio con el asilo. Viéndolos juntos, pareciera que no existe otra intención que la de atisbar el horizonte, aguardando el momento oportuno de escapar. Sus muros encaran la salida hacia la carretera, como queriendo desprenderse del pueblo que los parió. Firmes,…

¿por qué?

Soy un anticuerpo, pero no el deseado. Me he ofrecido al test en infinidad de ocasiones y siempre acaba rechazándome. Le digo: —¡anda, dibuja esa línea en la ventanita! ¡haz que pase! No hay manera. Dice que no soy el que busca y me hace sentir mal. ¿De quién seré? No recuerdo apenas cómo llegué aquí y ninguno de mis…

inanición

El mojito asesino había llegado a la ciudad y no se demoró en hacer de las suyas. Se refugiaría en un bar clandestino, atestado de negacionistas y antivacunas, acabando con ellos en algo menos de cuatro horas. Los engañó a todos con su olor a hierbabuena y su fama de producto exótico, que tanto dista de la química denostada por…