En los pueblos, los institutos se construyen a las afueras. Tan cercanos al límite del casco urbano, que comparten espacio con el asilo. Viéndolos juntos, pareciera que no existe otra intención que la de atisbar el horizonte, aguardando el momento oportuno de escapar. Sus muros encaran la salida hacia la carretera, como queriendo desprenderse del pueblo que los parió. Firmes,…
¿por qué?
Soy un anticuerpo, pero no el deseado. Me he ofrecido al test en infinidad de ocasiones y siempre acaba rechazándome. Le digo: —¡anda, dibuja esa línea en la ventanita! ¡haz que pase! No hay manera. Dice que no soy el que busca y me hace sentir mal. ¿De quién seré? No recuerdo apenas cómo llegué aquí y ninguno de mis…
inanición
El mojito asesino había llegado a la ciudad y no se demoró en hacer de las suyas. Se refugiaría en un bar clandestino, atestado de negacionistas y antivacunas, acabando con ellos en algo menos de cuatro horas. Los engañó a todos con su olor a hierbabuena y su fama de producto exótico, que tanto dista de la química denostada por…
la silla verde
El confinamiento, al menos en mi pueblo, ya no existe. Puedo ir a trabajar, caminar por la calle, salir a correr e incluso sentarme en el poyete a ver la vida pasar. La pega es que me ha sobrevenido, de repente, una buena carga de trabajo extra y las horas junto a la mesa de escribir me están haciendo recordar…
todos tus aliens
«Llevas tanto tiempo en mi vida que ya no recuerdo nada más», decía la teniente «Ripley» en una de las entregas de «Alien». Y yo comprendía al bicho perfectamente. Era imposible matarla, porque la teniente «Ripley» era, realmente, Sigourney Weaver y eso sí que son palabras mayores. La aparente condescendencia que parecía mostrar la bestia con la teniente no tenía…
Zombie
Esta media distancia que lo inunda todo y que no deja tomar partido ni defender posición alguna. Mucho menos, trabajar en plenitud, mantener una conversación o mirar desde la ventana como es de recibo. Hemos pasado de la nada a las migajas, sin contentarnos. Porque las migajas no reparan nada; ni a nadie, ni siquiera al que las deja. Desesperados,…
donde los consuegros leen el periódico
Han confinado a mi novio, pero a mí no. Está que trina, porque yo paso todo el día de aquí para allá y él, en casa encerrado. Para colmo, se le ha roto el móvil y sólo le funcionan los SMS. Iba a decirle que se instalara el Whatsapp en el portátil, pero lo cierto es que se lo dejó…