Tenía la sensación de llevar dos años en una antesala. Había cerrado episodios anteriores de su vida pero, al girar el pomo de la siguiente puerta, la corriente hizo abrirse la anterior, que creía ya cerrada. Como un niño aterrorizado en su cama al escuchar el viento en la persiana, los crujidos de los quicios o las maderas vivas en…
Tiempo
Érase una vez, Tiempo. Al contrario de lo que le sucedía al resto, Tiempo había trabajado desde que nació. No tuvo infancia ni fue al colegio. Es más, ni siquiera había sido necesaria una instrucción básica para que se desenvolviera por el mundo. Abrió sus pulmones por primera vez y echó a andar y, desde ese mismo instante, tuvo que…
Los domingos
En su infancia, fueron aquellos días de juegos al sol de las doce. En la plaza, el sonido de las campanas y la luz brindaban al aire un frescor de libertad que colmaba sus ilusiones. Entre juegos y chucherías, parecía el tiempo más feliz de su vida y fue durante los domingos donde aquel lugar se iría convirtiendo en el…
Los viajes
Cualquiera que fuese el motivo, viajar a comienzos de verano le traía recuerdos de cada una de las etapas de su vida. Tras el cristal de la ventanilla del coche, podía parar su mente y dedicarse a mirar el verde fresco de las viñas intercalado con los ocres de los campos de cereal recién cosechado. Los viejos postes del tendido…
La plaza
De ella recordaba los juegos de la infancia, los primeros amores de interminables despedidas, las tardes mirando la vida pasar, crecer, continuar. En los últimos años la atravesaba sin pararse en ella, de ida o de vuelta de sus templadas sobremesas y, aunque ya eran escasas las ocasiones en las que se sentaba en uno de sus bordes, aquellos recuerdos…
Lo inmediato
Había días, y estos venían de corrido, en los que ni se paraba a pensar en lo que era o lo que quería para sí. Los libros, las esperas, las tormentas, las cerezas, el verano que ya avisaba y las horas bajo el emparrado dejaban de existir, cediendo sus espacios y sus tiempos a las tareas que no le dejarían…
Las esperas
Fueron poco a poco instalándose en su vida. Llegaron sin hacer ruido y ese verano estaban perfectamente acomodadas. Acompasaban su respiración, marcaban las alegrías con sus finales y arrancaban hasta la piel mientras duraban. Hacían de su cuerpo un muro de contención de mareas y vientos templados que azotaban su pensamiento llevándolo donde antes había estado con sus libros. Probó…