Autor: Ramón Castro Pérez

De repente el olvido

Marcos ha olvidado ciertas palabras. No sabe cómo ocurrió ni conoce el porqué de esta desgracia. Fue así, de pronto. Y no es que él nos lo haya contado porque «de pronto» fue la primera palabra que olvidó, y es que cosas así no suelen pasar poquito a poco sino de golpe, de repente. Que, dicho sea de paso, también…

El sofá rojo

Se marchó de la fiesta sin buscar mis ojos. Lo supe porque los míos sí buscaron algo a lo que agarrarse cuando su figura desaparecía tras la puerta. No encontraron nada y se cayeron irremediablemente al suelo, impidiéndome ver más allá de mis zapatos, dejándome al amparo de mis oídos a los que confié mi supervivencia en aquel guateque que…

Contigo

Le dice que sonría. Ella no está para muchas risas pero hace el esfuerzo. Le está costando adaptarse a su nuevo destino. Sí. Lo eligió ella misma. Era lo que debía hacer pero al fin y al cabo sabía que, una vez más, lo correcto era lo peor para ella. Para bien y para mal también. No se equivocó y,…

Los aspirantes

Sentado en una silla de pala, Marcos espera a que lo llamen. Aún no sabe cómo va a explicar lo del dni ni cómo va a poder justificar que el resguardo que le dieron en comisaría se lavó con los pantalones de pinzas que tanto le gustaban a su madre. Tal fue el disgusto que se llevó al sacar la…

Bienvenida, Lola

Lola ha vuelto. Hace un año nos dejó por la competencia. Lo hizo de buenas maneras, sin cerrar puertas, fiel a su estilo. En la oficina nos quedamos todos mustíos. Y todas. Reme se llevó lo suyo y alguno que otro pudimos verla llorando a escondidas. Hoy se hubiera llevado una alegría, caso de seguir con nosotros, pero también convino…

Entretanto, febrero

Se pasa febrero, aunque este año tarde en decir adiós un día más, para desaliento de marzo. Qué poca empatia la de marzo. Él, protagonista siempre con su día 21, año tras año, con sus fallas y su San José y su que sí que no con la Semana Santa. Para lo poco que tiene febrero, semana blanca y carnaval…

Ambiciones

Está sentado en el tranco de la puerta, como con la mirada perdida pero sabiendo muy bien lo que quiere. Desde su puerta tiene ante sí un amplio campo de visión. Puede ver a la perfección al vecino Juan asomarse, apostado tras la ventanita del baño. Y también, con un giro casi imperceptible, avista a Manolo, perpetrado tras la cortina…