Autor: Ramón Castro Pérez

El termómetro

No hace falta ver los treinta y ocho y medio en la diminuta pantalla LED para saber cómo estoy. A intervalos, tengo frío, sudor y golpes de calor. Me duele la cabeza cada vez que el pecho se abre un poco más para toser y no estoy bien en ningún sitio. Los minutos no siguen un ritmo normal. Tan pronto…

Salir a correr

Lo peor siempre es empezar. Las rodillas suelen doler hasta que el corredor no lleva tres o cuatro kilómetros trotando. El frío deja de sentirse más o menos a la misma distancia, cuando aparece el calor y la braga que se lleva al cuello comienza a sobrar, empecinada en dificultar la respiración. Sin embargo, a partir de ese momento, los…

La antesala

Tenía la sensación de llevar dos años en una antesala. Había cerrado episodios anteriores de su vida pero, al girar el pomo de la siguiente puerta, la corriente hizo abrirse la anterior, que creía ya cerrada. Como un niño aterrorizado en su cama al escuchar el viento en la persiana, los crujidos de los quicios o las maderas vivas en…

Tiempo

Érase una vez, Tiempo. Al contrario de lo que le sucedía al resto, Tiempo había trabajado desde que nació. No tuvo infancia ni fue al colegio. Es más, ni siquiera había sido necesaria una instrucción básica para que se desenvolviera por el mundo. Abrió sus pulmones por primera vez y echó a andar y, desde ese mismo instante, tuvo que…

Los domingos

En su infancia, fueron aquellos días de juegos al sol de las doce. En la plaza, el sonido de las campanas y la luz brindaban al aire un frescor de libertad que colmaba sus ilusiones. Entre juegos y chucherías, parecía el tiempo más feliz de su vida y fue durante los domingos donde aquel lugar se iría convirtiendo en el…

Los viajes

Cualquiera que fuese el motivo, viajar a comienzos de verano le traía recuerdos de cada una de las etapas de su vida. Tras el cristal de la ventanilla del coche, podía parar su mente y dedicarse a mirar el verde fresco de las viñas intercalado con los ocres de los campos de cereal recién cosechado. Los viejos postes del tendido…

La plaza

De ella recordaba los juegos de la infancia, los primeros amores de interminables despedidas, las tardes mirando la vida pasar, crecer, continuar. En los últimos años la atravesaba sin pararse en ella, de ida o de vuelta de sus templadas sobremesas y, aunque ya eran escasas las ocasiones en las que se sentaba en uno de sus bordes, aquellos recuerdos…