Autor: Ramón Castro Pérez

Lo inmediato

Había días, y estos venían de corrido, en los que ni se paraba a pensar en lo que era o lo que quería para sí. Los libros, las esperas, las tormentas, las cerezas, el verano que ya avisaba y las horas bajo el emparrado dejaban de existir, cediendo sus espacios y sus tiempos a las tareas que no le dejarían…

Las esperas

Fueron poco a poco instalándose en su vida. Llegaron sin hacer ruido y ese verano estaban perfectamente acomodadas. Acompasaban su respiración, marcaban las alegrías con sus finales y arrancaban hasta la piel mientras duraban. Hacían de su cuerpo un muro de contención de mareas y vientos templados que azotaban su pensamiento llevándolo donde antes había estado con sus libros. Probó…

El café

Invariable ante las estaciones era su cita diaria con el café. Jamás dejó de olerlo, incluso cuando enfermaba. Su aroma era el de siempre, servido en las tazas de siempre y con las tranquilas palabras de los contertulios de siempre. Algunas tardes salían a relucir viejas fotos que servían de excusa para valorar el paso del tiempo y lucir alguna…

La demora

A pesar de la inminente llegada del verano, los días continuaban siendo frescos, ventosos, húmedos y grises. Los caminos aún mantenían la tierra fijada a las piedras sin que el polvo pudiera levantarse y los pies aún se hundían al caminar entre los olivos. Los libros permanecían cerrados, bien por falta de tiempo, bien por un verano que se aventurara…

Las cerezas

Aunque pareciera que los veranos siempre llegaban de golpe, coger las cerezas se había convertido, año tras año, en un hermoso preludio de lo que sería el tiempo más deseado. Como cada cosa tenía su momento y ahí radicaba su importancia, no prestaba demasiada atención mientras no viera despuntar los vivos tonos rojizos que prendían de las ramas y el…

Las tormentas

Había días en los que, de tanta calor que se acumulaba, la noche respondía con una breve tormenta. Llegaba de repente, descargaba lo justo para refrescar el suelo de la terraza y se marchaba, como huyendo del sol que acababa de plegar velas minutos antes, por si acaso. Casi siempre coincidía con el momento después de cenar, cuando los platos…

Los inviernos

Poco o nada le gustaban los inviernos. Además de fríos, muy fríos, llegaban a oscurecerle el alma. La temprana ausencia de luz agotaba el día y las posibilidades de evadirse de una realidad que no había elegido. Por eso, también durante los inviernos, recurría a los libros aunque su lectura no fuera tan provechosa debido a la luz artificial con…