—Papá, ¿puedes ayudarme con este problema de matemáticas? Tengo que entregarlo mañana y no sé cómo se hace. —Claro hija. A ver, léemelo ¡que yo era muy bueno en el cole! —Dice, calcula el perímetro del polígono que aparece en la figura 3.2. —Déjame que vea el libro. Tiene que estar por aquí… A ver… apotema, área, volumen, ángulos… ¡no!…
Categoría: relatos
la nota
El forense señaló la hora de la muerte y al teniente no parecieron encajarle las piezas. Decidió regresar a la casa y volver a interrogar a los convivientes. —Teniente. Es la una de la madrugada. ¿No sería mejor citarlos en comisaría mañana a primera hora? —¡De eso nada! Suba al coche que nos vamos para allá ahora mismo. El toque…
en la luna
Confío en que este SMS te llegue y sea legible. Estoy en la luna y aquí no funcionan ni las llamadas ni el whatsapp. Sé que no debí marcharme sin decirte nada, pero la misión no podía despegar sin mí. Me hubiera quedado a dormir contigo, aun sin conocerte casi de nada. Encontrarnos a la salida de aquella librería ha…
unas alcayatas, ¡por amor de Dios!
Tengo un rosal trepador empeñado en escalar una pared lisa. En ella no hay escarpias ni cuerdas a las que sujetarse, así que crece desesperadamente en busca de un soporte que no existe. ¡Si al menos tuviera ojos mi rosal! Dejaría de empujar y no sacrificaría sus hojas ni sus brotes. Pero no. Toda su fuerza la emplea en alargar…
Veintitrés
Veintitrés. Es mi número de citas durante este dos mil veinte. Las veintidós anteriores no arribaron a puerto. Las hubo de duración instantánea (la mayoría). Otras, en cambio, casi terminan felizmente. Tal vez en otra ocasión, fue la frase más escuchada. La de esta noche, la (cita) veintitrés, terminará, por decreto, a las once (pm). Así que tengo dos horas…
Amén
Se lo encontraron muerto en el baño. Una mala noche, dijeron. Su mujer confesó que dormía mal, por lo que solía levantarse tres o cuatro veces de madrugada. A ella le molestaba tanto traqueteo, aunque había terminado por acostumbrarse con los años. Aquella noche tampoco se extrañaría. Él permanecía una media hora encerrado, sin que se supiera a ciencia cierta…
me alegro
No hace mucho (el tiempo vuela), eran imprescindibles para disfrutar de emociones pasadas, impresas en papel de calidad. Cambiando de tercio, y también de cosa, los evitábamos, cruzando la acera, por miedo a ser como ellos algún día. Y en innumerables ocasiones (casi todas de júbilo), recuerdo dar esa respuesta corta, segura y firme al ser preguntado por algo importante…