Categoría: relatos

Entretanto, febrero

Se pasa febrero, aunque este año tarde en decir adiós un día más, para desaliento de marzo. Qué poca empatia la de marzo. Él, protagonista siempre con su día 21, año tras año, con sus fallas y su San José y su que sí que no con la Semana Santa. Para lo poco que tiene febrero, semana blanca y carnaval…

Ambiciones

Está sentado en el tranco de la puerta, como con la mirada perdida pero sabiendo muy bien lo que quiere. Desde su puerta tiene ante sí un amplio campo de visión. Puede ver a la perfección al vecino Juan asomarse, apostado tras la ventanita del baño. Y también, con un giro casi imperceptible, avista a Manolo, perpetrado tras la cortina…

El piano viejecito

Querida Elena: Todos mis años me pesan, tanto que en ocasiones me pregunto cómo puedo sostener mis teclas, cómo puedo resistir el empuje de los cientos de dedos que han estado golpeándolas durante todo este tiempo, transmitiendo ilusiones acompasadas con notas, con ritmos, con los sueños de grandes y pequeños. Elena, soy un piano viejecito. Es cierto que voy sobre…

Gurullena

Luisa camina deprisa. Es tarde y hace frío. La amarillenta luz de las farolas deja entrever la mezcla de niebla y escarcha que encapota el aire, únicamente roto por el martilleo de sus tacones sobre la acera. Según versión oficial, Juan no ha podido acompañarla, aunque ella sabe, a estas alturas, que las excusas han remontado camino, dejando en la…

El mostrador y los amores

Desde su despacho, el sargento levantaba la vista de vez en cuando para mirarme. Por su modo de hacerlo, supe que no aprobaba mi forma de vestir, tampoco mi peinado, menos aún el motivo de mi denuncia. Mientras, el cabo golpeaba torpemente el teclado, tratando de no olvidar mis últimas palabras. -Perdone, ¿decía que lo había dejado encima del mostrador?…

Alfredo

Alfredo es pintor, mas de brocha gorda aunque también ha hecho sus pinitos mezclando óleos y acrílicos cuando le sobraba inspiración. A veces, cuando bordea el marco de una ventana con su infatigable rodillo, deja que su muñeca continúe con el vaivén cansino y abandona su mente al ritmo de la vida que pasa por delante suyo. Alfredo se ha…

El lanzador ignorado

Convine en llamarlo <El ignorado> y él no dudó un instante. A partir de ese momento, convino en llamarme <El sordo>. Él lanzaba sus opiniones y yo las dejaba perderse, huérfanas de réplica, heridas de muerte. A menudo lo sorprendía llorando por no poder ser padre de sus propias tesis y a la vez un bravo enemigo que arrojara algo…