Categoría: relatos

Celerio

Hace tiempo que Celerio perdió de vista los cincuenta, aunque camina tan deprisa y de manera tan sigilosa que bien pudiera parecer que no pasa de los once años. Es de esos tipos que crees ver en todos los sitios, a cualquier hora, atravesando fugazmente los pasillos, entrando en los despachos, transportando archivadores o simulando hacer cualquier otra cosa que…

Sonría por favor

Han pasado muchos años. Aquella fotografía me trajo un golpe de aire fresco. Un instante en el que recordar el olor de aquella camiseta que a la postre acabaría siendo la de la suerte durante un tiempo hasta que alguien decidiera reconvertirla en trapos para Luzma, la asistenta. Pero eso ocurrió tiempo después. No me fastidies el recuerdo ahora que…

El vuelo del cacahuete

Mira y selecciona. No está convencido de escoger lo mejor pero aun así se lanza. Su mano es actor principal del impulso muscular que hace volar el cacahuete hacia su boca. Justo en el ultimo instante, mira hacia otro lado. Lola entra en el bar, sola. El infortunio lo elige, lo designa. El será lo primero que Lola mirará al…

Matías y el Estado

La espuma de la cerveza había ocupado casi toda la copa. Ahora le tocaría esperar a que parte de ella fuera milagrosamente convirtiéndose en la parte líquida que tanto le gustaba. Entretanto, observó las mesas cercanas y el trajín de la camarera. Recababa opiniones sobre diversos temas. Por ejemplo, por fin supo que lo que tenía a sus espaldas era…

Pardos y blancos

Esta mañana he visto un perro atado a una farola, justo al lado del despacho de pan de Lucía. El can esperaba pacientemente a que alguien familiar lo sacara de ese apuro, por lo que al pasar por su lado no dejaba de mirarme con esos ojos redondos y azules. Yo ya me había fijado en su pelo; todos los…

El umbral

Supo que era ella al instante. Después de siete meses, conocía aquella forma dubitativa de meter la llave en la cerradura; un primer tanteo y en el momento de estar segura, terminar de introducir el espadín y girar rápidamente, traspasando el umbral con aquel tacón, sólido y perpetuo. A él le parecía seguir escuchándolo aun cuando ella dejaba la bolsa…

El rellano

El descansillo tenía apenas metro y medio. Lo suficiente como para dejar paso al que bajaba sin llegar a tocarse con él, percibiendo un olor a soledad disfrazado de brandy que llegó para quedarse y acompañarla mientras continuaba el ascenso por la manida escalera de mármol.