J. dejó su trabajo y su vida para emprender viaje con el objetivo de dar la vuelta al mundo. Lo haría caminando sin rumbo fijo, sin recursos y sin posibilidad alguna de comunicarse con nosotros, que hasta el momento habíamos sido su único apoyo. J. regresó a los seis años, algo cambiado. No podía hablar, apenas veía y le faltaban,…
el consumidor racional y la maximización de la utilidad
Llego al súper para comprar turrón de chocolate (de marca blanca) y resulta que está en promoción. Echo dos al cesto y, ya en la cola, pienso: —¡Leñe! Bajan el precio y, en lugar de uno, me llevo dos. Al final me he gastado más de lo pensado. Claro que, podría haber comprado uno de marca de fabricante y aún…
¿quién los quiere?
—¡Soy un patriota! —gritó, con la cabeza bien erguida. —¿Tú? —exclamó sorprendido, señalándolo con su pico de oro. —¡NO! ¡Yo soy un patriota! ¡Tú eres un traidor a la patria! —¡SANDECES! Nadie más patriota que yo. Y nadie más traidor que tú. —Por mucho que eleves la voz, no convencerás a nadie. Si alguien, aquí, es patriota, está claro que…
los allegados
Esta tarde se han presentado en casa seis allegados. Apenas he abierto la puerta, se me han colado dentro. Tengo a uno jugando a la Play con mi hijo y a otro en la cocina con el frigorífico abierto (si lo viera madre, una buena voz se llevaba). Los que parecían más allegados, se han metido en la cama y…
tres cosas
Hay tres cosas que me hacen estar alegre. La primera, cómo te diría… la primera eres tú. No es porque yo lo diga. Es porque me pasa. Ocurre que te veo y ya no soy yo sino tú disfrazado de yo o, lo que es lo mismo, yo contigo ocupando ese lugar común que tanto nos gusta. La segunda de…
huesos
Envuelve el cadáver con unos plásticos que encuentra en el patio, detrás del armario de las escobas. Recuerda que guardaba, también, algo de cinta para embalar y lo asegura. Cuando termina, las fuerzas flaquean y decide esperar a que amanezca. Si saliera, a deshoras, alguien podría escuchar el motor o el ruido de la puerta del garaje al abrirse. Mejor…
como usted
Se terminaron las malas noticias. Adrián abrió el último cajón y resultó estar vacío. Sin dar crédito, lo cerró y volvió a tirar del pomo hacia sí. Nada. Allí dentro no quedaba ni una mala noticia. El becario bajó las escaleras que conducían al despacho. —No nos quedan. Se acabaron —dijo mientras el resto de periodistas dejaban de escribir, estupefactos.…