Autor: Ramón Castro Pérez

huesos

Envuelve el cadáver con unos plásticos que encuentra en el patio, detrás del armario de las escobas. Recuerda que guardaba, también, algo de cinta para embalar y lo asegura. Cuando termina, las fuerzas flaquean y decide esperar a que amanezca. Si saliera, a deshoras, alguien podría escuchar el motor o el ruido de la puerta del garaje al abrirse. Mejor…

como usted

Se terminaron las malas noticias. Adrián abrió el último cajón y resultó estar vacío. Sin dar crédito, lo cerró y volvió a tirar del pomo hacia sí. Nada. Allí dentro no quedaba ni una mala noticia. El becario bajó las escaleras que conducían al despacho. —No nos quedan. Se acabaron —dijo mientras el resto de periodistas dejaban de escribir, estupefactos.…

decepciones (y promesas)

—¡Me lo prometiste! —dijo, dándose la vuelta, como si no quisiera escuchar más excusas. —¡Me lo exigiste! ¿Qué querías que hiciera? Se hizo el silencio. Por un momento pensó que aquella respuesta con forma de pregunta podría detener sus reproches. —¡Decir la verdad! —gritó. —¡Aquí tienes la verdad! —apresuró a responder. Esta vez, sí se miraron. Promesas que nacen a…

cuñados

Armonicemos las cenas de nochebuena. Apunten. En cada casa: madre/padre, hijo/hija, nieto/nieta —¿Y los cuñados? —A los cuñados que les den. Tuvieron su momento. Visto cartel en la calle. Reza: «Cena nochebuena para cuñados. Máximo seis. Metro y medio de separación. Habitáculo equipado con filtro HEPA. Test serológico previo al cóctel. Se admiten grupos mixtos. Requisito adicional: no conocerse de…

tu edificio (y el mío)

Entre tu edificio y el mío, hay un callejón largo y estrecho. Tu edificio y el mío tenían que tocarse pero, por algún descuido urbanístico, quedaron dispuestos a medio metro el uno del otro, construyendo un abismo que los separaba en toda su longitud. Así nació el callejón que se interpone entre tu edificio y el mío. No somos los…

Sabina Cruceros

—¿Dónde vas con tantas prisas? —¡De crucero! —¡No jodas! ¡Si estamos en plena pandemia! ¿Qué crucero es ése? Bartolín nunca se enteraba de nada. Vivía en Instagram cuando no dormía y, claro, tenía la cabeza perdida. —¿No ves las noticias ni escuchas la radio, Bartolín? Claro, estás todo el día con el dedete pegado al móvil ¡A ver si te…

buzón

Hace días que espero una carta tuya. Por esa razón, no paro de abrir el buzón. Cuando lo hago, sólo puedo ver su pared interna, fría y metálica, de un color perfecto, distinto a un exterior apagado por el tiempo y sus inclemencias. No hay nada dentro de él, así que lo maldigo, como si el pobre fuera culpable del…