como usted

Se terminaron las malas noticias. Adrián abrió el último cajón y resultó estar vacío. Sin dar crédito, lo cerró y volvió a tirar del pomo hacia sí. Nada. Allí dentro no quedaba ni una mala noticia.

El becario bajó las escaleras que conducían al despacho.

—No nos quedan. Se acabaron —dijo mientras el resto de periodistas dejaban de escribir, estupefactos.

—¡A ver! ¿Quién está escribiendo una mala noticia ahora mismo? —gritó, de muy mal humor, el redactor jefe.

Nadie levantó la mano.

—¡Es completamente imposible! ¡Aún no ha terminado el 2020! ¡Queda un maldito mes!

Tenía razón. Restaban, aún, treinta y un días para el fin de año. En ellos, sólo podrían tener lugar malas noticias. Tendrían que acontecer homicidios, suicidios, decesos, desapariciones, daños materiales y catástofres inevitables. El año debía cerrar con un número mayor de desgracias de las que habían tenido lugar hasta el momento. Se trataba del puñetero 2020 y no de cualquier otra cosa.

—Si alguien no pone, negro sobre blanco, inmediatamente, una mala noticia… ¡tendré que despediros a todos!

El redactor jefe dio un portazo al salir. No quería excusas y sabía que las amenazas alentarían a la plantilla para que comenzara a trabajar. Se dio de tiempo hasta el final de la jornada. Si para entonces no se habían publicado al menos un par de malas noticias, despediría a todo el equipo al completo.

—Disculpe. Creo que tengo una mala noticia. No me pregunte cómo se me ha ocurrido, pero… tengo la corazonada de que va a funcionar.

—Dígame, ¿la ha escrito ya? —dijo, mirando su reloj. Apenas quedaban unos minutos para mandar a todo el mundo a la calle de una patada en el culo, incluido el becario.

—Sí, señor. Aquí la tiene. Puede leerla.

Al incorporarse, se colocó las gafas en la posición adecuada. Con el ceño fruncido, leyó:

Periodistas del diario «Grande» terminan con todas las malas noticias del 2020. Incapaces de generar contenido negativo, reorientan el diario hacia las buenas noticias.

—¿Y esto es una mala noticia?

—No. La mala noticia es que la gente no valora las buenas noticias. Como usted.