Autor: Ramón Castro Pérez

dudas

Había salido cruz en los últimos trescientos siete lanzamientos. No existía probabilidad que resistiera tal solución. —¿Era la moneda perfecta? Apuesto a que no —dijo la matemática asintiendo con la cabeza. —Era perfecta —afirmó la ingeniera, orgullosa de su diseño. —¡No lo comprendo, en ese caso! —exhortó la primera. No puede, con tal número de experimentos, definirse con éxito un…

Antonio y la tienda de la esquina

No hace tanto (¿o sí?) que, de niño (pues sí hace, sí), me mandaba madre a la tienda de la esquina a comprar (o a la carnicería de Félix, que era aún peor). Ibas con una cesta de mimbre que era casi tan grande como tú, aunque, a priori, lo que hacía de aquello una misión especial era el hecho…

Las mascarillas son para el verano

Van los novios cogidos de la mano y con las mascarillas a juego. Sólo se miran a los ojos, sin poder leerse los labios. Y, cuando se besan, ya es demasiado tarde para hacerlo. Después, llegan los susurros. Los mismos que antes anunciaban las despedidas. Sin embargo ahora, además de constantes, evitan discusiones. Nadie jamás puso un pero a un…

Las cuentas bien hechas

Los del piso de arriba se han comprado una piscina hinchable. ¡Claro, como tienen un ático! La han colocado en la terraza y la han llenado de agua. Terminando estaban, cuando ha cedido la estructura. Yo estaba echado a la siesta y me han llevado por delante. Ahora, que han conseguido sacarme bajo los escombros, me lloran mis familiares. Total,…

el ventilador

¡Qué viejo está el ventilador de la cocina! Funciona cada vez que tiras de su cadenita, pero se le notan los años. —¿En qué te basas para decir eso? ¿Acaso no sigue dando fresco? Antes no se movía tanto. Ni chirriaba. Tampoco parecía que iba a escupir la bombilla hacia cualquier rincón. Puedo verla, haciéndose añicos contra algún azulejo. Bombilla…

el ojo

Mi vecino solía espiarme a través de los setos. Lo descubrí un día, mientras los cortaba, al ver uno de sus ojos camuflado entre las ramas. Sobresaltada, paré el cortasetos. Eso lo asustó. Pude advertir cómo parpadeaba, haciendo desaparecer el ojo durante un segundo. Sólo ese tiempo. Enseguida volví a verlo. Inmóvil. En ese momento, lo imaginé en cuclillas, confiado.…

Prost!

—¡Madre! ¡Ya queda menos para vernos! ¡Tres o cuatro tandas más de alemanes y nos dejarán cambiar de provincia! —¡Dios te oiga, hijo! Ya tengo ganicas de veros ¡Desde Navidad! —Verá como sí, madre. La Semana Santa se nos fastidió pero los alemanes nos van a dar suerte para el verano. Hoy ha llegado la primera oleada y ni siquiera…