Mi vecino solía espiarme a través de los setos. Lo descubrí un día, mientras los cortaba, al ver uno de sus ojos camuflado entre las ramas. Sobresaltada, paré el cortasetos. Eso lo asustó. Pude advertir cómo parpadeaba, haciendo desaparecer el ojo durante un segundo. Sólo ese tiempo. Enseguida volví a verlo. Inmóvil. En ese momento, lo imaginé en cuclillas, confiado.…
Autor: Ramón Castro Pérez
Prost!
—¡Madre! ¡Ya queda menos para vernos! ¡Tres o cuatro tandas más de alemanes y nos dejarán cambiar de provincia! —¡Dios te oiga, hijo! Ya tengo ganicas de veros ¡Desde Navidad! —Verá como sí, madre. La Semana Santa se nos fastidió pero los alemanes nos van a dar suerte para el verano. Hoy ha llegado la primera oleada y ni siquiera…
dominó
—¡Juan! Te llamo para ver si sería posible que esta tarde quedáramos para jugar al dominó. Esperé unos segundos, concretamente tres. Continué. —¡Llevo yo las fichas! Juan colgó el teléfono sin mediar palabra. Justo lo convenido. Satisfecho, hice lo propio y me dispuse a preparar la lista. —Platoon, La lista de Schindler, El padrino, Ciudadano Kane, Doctor Zhivago, Memorias de…
dime
Se ve la vida más tonta, más idiota, sin el fuste de antaño. Ya no luce lo que antes. Tanto, quiero decir. Te veo con las ganas y sin ellas un instante después. Como si las fueras ofreciendo cuando nadie te sale al paso e, inmediatamente, pasaras a guardarlas en el bolsillo al encontrarte con el resto. No eres sólo…
reír —se
Echa la vista atrás para contar todo aquello que ha hecho durante los tres últimos meses. Recuperó algo de tono en los dedos al volver a presionar fuerte las cuerdas contra los trastes. Perdió algo de vergüenza cuando decidió adentrarse en el mundo de la videoconferencia. Aprendió a hacer la compra de manera rápida y efectiva, sin dejarse nada. La…
la verdad
En la nueva normalidad los jugadores de fútbol mantienen la distancia de seguridad en la formación y en el banquillo, aunque sobre el terreno de juego lo que tenemos es otro cantar (como es normal). Sin duda alguna, debe haber aumentado el número de imbéciles o (al menos) alguien debe pensar que así es. Hay que serlo (y mucho) para…
ninguno
Con frecuencia semanal, tenía la costumbre de comer en la barra. El día elegido solía ser el jueves. Y lo era porque se daban cita una serie de hechos notables. Salida del trabajo antes de lo normal, jornada premonitoria al quedar un único laborable (¡viernes!) y ausencia de respuestas ante preguntas recurrentes (qué hago de comer, por qué no recordé…