Categoría: relatos

la jubilación activa

Algo se cuece en la vieja pastelería. Hace años que echaron la persiana, poco después de acontecida la jubilación del matrimonio que la había regentado desde su apertura. Ninguno de sus vástagos decidió seguir con el negocio. Desde entonces, la fachada no ha hecho otra cosa que coger polvo y suciedad. También el rótulo, cuyas letras burdeos, ya descoloridas por…

El giro infinito

Taburetes de giro infinito eran los de los bares de antaño. Con su chasis de aluminio, perfecto equilibrio sobre eje, a prueba de balanceo. Acolchado y revestido en cuero burdeos, el asiento casaba perfectamente con tu pequeño cuerpo, permitiéndote llegar a la barra y ser, por un día, el cliente más importante. Justo cuando madre y padre le decían al…

sobre la rana y el escorpión

Se acabó. Y… volvieron las excusas, el llego tarde, me entretuve con un amigo, perdí el taxi, me llamó mamá, quise avisarte pero comunicabas, no vi el whatsapp, tuve que acompañarle, salí tarde del trabajo, olvidé la cita, extravié las llaves, me dijo que me quedara, no sabía qué hora era, imposible no aprovechar la oportunidad, me invitó al cine,…

sociales (de seres y que somos)

Tiene la gente ganas de romería, de campo y comidas a la lumbre. Café de cazo y cubalibre a la sombra, antes de dar una vuelta por los puestos y volverse para echar más carne a la brasa y abrir unas cervezas mientras llega el fresco de la noche. Tiene la gente ganas de reír y llenar el maletero de…

Exquisita

Depositó el libro en la bandeja, junto con las llaves y la cartera. Atravesó el arco de un paso firme y esperó al final de la cinta. La máquina detuvo entonces su progreso y el guardia encargado de la pantalla saltó de su silla. —Señor, me temo que tendrá que acompañarme —le dijo al tiempo que otro compañero se acercaba…

los vecinos

Mi negativa a llevar las gafas puestas, junto con el pánico que me produce la sola idea de pegarme un trozo de plástico (llámese lentilla) al ojo, ha provocado, en más ocasiones de la cuenta, algún que otro malentendido. Recuerdo confundir a la señora de la limpieza con mi madre y darle un susto de muerte cuando la agarré por…

Un rastro imposible

John llevaba días pensándolo. Había recibido una oferta que le permitiría jubilarse si la aceptaba. John contaba con cincuenta años, de los cuales había cotizado treinta y cuatro. Comenzó descargando camiones para, más tarde, llevar la contabilidad en una oficina. Cambiaría por última vez de trabajo antes de los cuarenta y cinco. Habiendo pasado por banca y alguna que otra…