sociales (de seres y que somos)

Tiene la gente ganas de romería, de campo y comidas a la lumbre. Café de cazo y cubalibre a la sombra, antes de dar una vuelta por los puestos y volverse para echar más carne a la brasa y abrir unas cervezas mientras llega el fresco de la noche.

Tiene la gente ganas de reír y llenar el maletero de hielo y neveras, sombrillas y toldos, bocatas y tortilla, botella de coca cola y balón de playa. Esa camisa desabrochada que nunca va a juego con el bañador es obligatoria. Y sentir ese airecillo, que llega desde la orilla, en las plantas de los pies, bien estiradas las piernas en la silla de playa, como dios manda.

Tiene la gente ganas de sal, chiringuito y sardina, de barbacoa playera de tres patas, colmada de carbón y niños bañándose cuando cae el sol. Y los que no son de mar ni de agua ni de sal, tienen ganas de tren, coche y avión, de terraza en el sitio que les faltaba por visitar, con o sin novio, qué más da a estas alturas.

Tiene la gente ganas de piscina, con su abono en el bolso y toalla gigante, que donde caben tres, caben cuatro y esa megafonía con los éxitos musicales, por las mañanas de los ochenta y por las tardes, de reguetón, salsa y rapeo. Que el niño da la voltereta para salpicar a la pandilla y se le olvida merendarse el bocata que trajo de casa.

Tiene la gente ganas de vivir, leche. De ir y venir sin ton ni son porque luce ese café a cien kilómetros la tarde que nos apetece. Como se aprovecha el tour galo para la siesta y se disfruta de noche de tapeo. Hoy aquí y mañana allá. Tiene la gente ganas. De «tó». Más que nunca. Ya lo creo.

Yo tengo ganas de juntarme con los míos y abrazar a mis hermanos y a madre. Del mar para bañarme y tomar el sol; del mar para correr a su lado. También de las terrazas en la plaza con los del pueblo y también de las barbacoas con los que hace más de un año que no las compartimos, sin olvidar el encuentro anual de los de toda la vida.Tengo ganas de lo de antes, como todo el mundo, como vosotros, sí. Más que les pese a los que buscan que nos odiemos, somos seres sociales. Puede, incluso, que ahora más que nunca.