—¿Qué te parece la comida? —me preguntó mientras masticaba ostensiblemente, sin dejar de mirarme. Me sentí en la necesidad de contestar. El descaro que mostraba al exigirme una respuesta era incluso desagradable. —Podría estar mejor —dije, evitando aquellos ojos de sapo, al tiempo que cambiaba la comida de sitio con el tenedor. Levanté la vista del plato. Seguía mirándome sin…
Categoría: relatos
Culpables
—¡Debemos terminar con esto cuanto antes! —Pero… señor presidente. El virus sigue entre nosotros. —¡Es la economía, idiota! ¡Nos vamos a pique! ¡Hay que abrir de una vez! —No podemos hacerlo. No contamos con los medios necesarios. Se lo ruego. Debe sopesarlo. Hoy es 8 de mayo de 2020 y no sabemos qué va a ocurrir en los próximos meses.…
Esto se lo…
—¿A dónde vas otra vez a la calle? Y ¿qué llevas debajo del brazo? ¿Un cartel? Mi madre, a sus setenta y cinco años, seguía metiéndose en mis asuntos. A punto de salir por la puerta, detuve mis pasos y giré hacia ella, pivotando sobre mi talón derecho. Allí estaba, al fondo del pasillo, junto a la puerta de la…
Medalla de honor
Existe un ejército silencioso capaz de evitar la ruina a los bares y cafés de este país. Conseguirlo no emplearía demasiado tiempo (actúa sin hacer ruido, pero es eficiente). Sus miembros están entre vosotros y ahora, sin duda, es su momento. Estoy hablando de los que, antes de que todo esto comenzara, ya iban solos al bar. Son personas como…
La marca
Me he comprado una bici para dar mis paseos por el bulevar de ocho a once, durante la fase cero de este confinamiento. No me fío mucho de ir andando con tanta gente de aquí para allá, así que he pensado que en bicicleta voy mejor. No sé. Más seguro. Tiene dinamo, luz, timbre y guardabarros plateados. Sillón negro de…
Amnesia
Mi pelo ha crecido. Mi barriga es más grande. Mi corazón, más pesado. Los músculos parecen no estar en su sitio y, si los obligo a contraerse, se agarran al hueso de una manera que parecen querer quebrarlo. Al menos, los ojos parecen funcionar. Duelen un poco si los giro para mirar alrededor, pero soy capaz de ver. No puedo…
El perro (al menos)
—No llores. Si nos vamos a ver muy pronto. En cuanto menos te lo esperes, estaremos juntos de nuevo ¡Dame un abrazo, venga! Me despedí de mi mujer y del mayor de mis hijos. Cogí las maletas y el pequeño Jorge, que se venía conmigo, me siguió a través del portal. Nos cambiábamos de piso, concretamente al edificio de al…