Antes de salir, miró las fotos de los que ya no estaban. Comprobó que había atado bien las zapatillas y salió de casa. Caminó deprisa. Exactamente durante las tres horas permitidas, hasta quedar exhausta. Lo hizo acompañada de su marido. Hablaron poco durante el trayecto. Apenas un par de comentarios sobre los vecinos, unos metros por delante. Ya en casa,…
Categoría: relatos
Proxy
—¡A comer! ¡Venga! ¡Lavaos las manos! Diego y Laura habían terminado de preparar la comida y de poner la mesa. Llamaban a los niños, aunque era inútil. Sabían que no los habían escuchado (maldito móvil, malditos auriculares, maldito confinamiento), así que gritaron más fuerte. —¡Diego, Laura! ¡A comer! Laura hizo ademán de ir a buscarlos al salón. Sabía que estarían…
Verosímil
Mateo había escrito un manifiesto y pretendía leerlo en la calle, a viva voz. Para ello, cortó el tráfico colocando una de las sillas de su salón sobre el asfalto y, acto seguido, se subió en ella. Quiso que todo el mundo escuchara lo que tenía que decir. Margarita llamó a la policía. No tardarían demasiado. —¡Queridos vecinos! Me conocéis…
Los parques
Sucedió el primer día en que estuvo permitido salir a correr. Los centros de salud colapsaron sus urgencias. Tendinitis, roturas fibrilares, fracturas abiertas, traumatismos severos, síncopes, taquicardias, mareos, desvanecimientos, náuseas, bajadas de azúcar, anginas de pecho, esguinces, distensiones de ligamentos, golpes de calor, infartos, ictus, fotosensibilidad extrema y asma, fueron los cuadros más comunes en las urgencias. Miles de enormes…
Paciencia
—Cariño, ¿dónde has colocado los calcetines? —A dos metros de ti. —¡Vale! Ya los veo ¿Y las camisetas de deporte? —A dos metros de ti, en dirección opuesta. —¡Ahá! De acuerdo ¿Y las mallas de correr? —A dos metros de mí. —Vale. Me faltan las zapatillas ¿Las has visto? —Sí. A dos metros de mí, en la otra dirección. —¡Aquí…
El catálogo
—¿Qué combinación le gusta más? Con total sinceridad. No se preocupe. No juzgaremos su elección. Siéntase libre. Aquella persona, de aspecto impoluto, cortés en sus maneras y con un exquisito grado de exigencia que la hacía realmente irresistible, colocaba ante mí toda una suerte de vidas a elegir para este confinamiento. Yo no sabía cuál escoger. Todas me parecían adecuadas…
Necios o estúpidos
—¿Qué te pasa? Llevas todo el día triste. Me preocupa verte así —le dije, sentándome a su lado. —Mis motivos tengo ¡Nada volverá a ser como antes! Lo escucho en todos los canales. Iba a decirle que no viera la tele, pero lo pensé mejor. Traté de contrarrestar. —Eso no es cierto. Yo te quiero como antes. —Lo sé. Pero…