Categoría: relatos

El suelo y las alturas

Tenía una genética especial. Nadie que él conociera había tenido jamás terror a las alturas. Sus hermanos, sus padres, sus amigos, todos eran capaces de deslizar sus voluminosos cuerpos a través de cualquier saliente, por estrecho que este fuera. Sin embargo, él era diferente. Siempre expresó su pánico a las ubicaciones elevadas. Él prefería el suelo aunque sabía que era…

Sesenta por dos (y III)

Le enseñé la pasta al tiempo que no dejaba de mirarle a los ojos. Era lo que había pedido, en billetes de veinte y de cincuenta, usados. Sergio echó un vistazo dentro del macuto azul y volvió a levantar la cabeza. Asintió con la mirada al tiempo que dejaba escapar una medio sonrisa, cerró la cremallera y subió a su…

Sesenta por dos (II)

Aquel sábado Isabel tenía cumpleaños. Su amiga Lorena celebraba cuarenta y dos y había conseguido reunirlas a todas para pasar el día juntas. Minutos antes de salir, le dije que pasaría el día en casa acostado porque tenía migrañas. Me dio un beso y se marchó. Me alegró que por fin saliera y deseé que todo lo que nos había…

Sesenta por dos (I)

Llevaba mucha prisa. En apenas una hora comenzarían a aparecer furgonetas llenas de gente dispuesta a trabajar en el campo con las primeras luces del día. Creía saber dónde estaba y sabía que llamaría la atención si era visto. Reconoció la vieja encina que marcaba el inicio del sendero hacia el que se dirigía y al cabo de cinco minutos…

Error

La niña dedicaba todas las tardes a hacer sus deberes. Eran tantos y tan tediosos, que ocupaban por completo el período que iba desde las cuatro hasta las ocho o nueve de la noche. Solía terminar cansada de permutar los colores de los bolígrafos y el portaminas, copiando los párrafos perfectos que ya estaban en los libros, pero que también…

Ojos

Raúl tenía los ojos enormes y redondos. Eran de un color oliva intensamente oscuro, tanto que resultaba complicado distinguir la línea que separaba el iris de la pupila. Producían una mirada tan desgarradora que impedían recordar el resto de sus facciones, negando las expresiones de su cara a quien intentara percibirlas. Raúl, a ojos de la gente, no tenía cejas ni…

La cena

El aceite humeaba, esperando recibir algo empanado o tal vez algún famélico huevo, desprovisto de su cáscara. El sonido de la campana enmudecía el televisor y el tintineo de los tenedores esperando algo que ensartar completaban la orquesta de todas las noches. Eran cinco minutos, no más de diez, los que marcaba el cronómetro cuando, por fin, colocaba el mando…