aquel verano

—¡Deje, deje! ¡Ya lo hago yo, si no le importa! ¡Estaba deseando, después de tanto tiempo sin coger el coche!

Para cuando el empleado de la gasolinera decidía salir a efectuar el repostaje, papá ya había hecho uso de los guantes, descolgado la manguera, abierto el tapón del depósito e introducido la pistola. Incluso había asegurado el mecanismo, logrando que el gasoil fluyera sin tener que mantener presionado el gatillo.

A pesar de ello, aquel señor, Matías (según la etiqueta de su polo), se personó en el surtidor, asegurándose de que todo estaba correctamente ensamblado. Observó el contador con impaciencia al descubrir que papá no había marcado cantidad alguna  y  nos miró  como se mira a lo que no se comprende. A continuación, dirigió su atención a papá, examinándolo de arriba a abajo con un gesto chulesco. Imagino que se preguntaba lo mismo que nosotros.

A veces resultaba complicado aceptar que papá podía tener hijos. Asumir tal responsabilidad debía ser algo reservado a otro tipo de personas. A simple vista, siempre pareció un estúpido (un gilipollas, aunque eso no lo podíamos decir aún). Matías pensó que la vida sólo le sonreía a gente que no lo merecía, como el inútil que debía tener delante.

—¡Pues ya está lleno! Le pago con tarjeta, si le viene bien.

Así era papá. Conocía la mirada de Matías. La había visto decenas de veces y, lejos de enfrentarse a ella, optaba por ser condescendiente. Salió de la tienda caminando deprisa, dispuesto a comenzar el viaje. Matías, parapetado tras el cristal sucio de la caja, lo miró con rencor. Supe que lo era, a pesar de desconocer el porqué. Su imagen se difuminó mientras nos alejábamos. Escribía algo.

Aquel verano fue el primero en el que bajar a la playa con mascarilla era lo habitual. El primero en el que las piscinas comunitarias dejaron de estar abiertas y en el que los viajes comenzaron a ser, cada vez, menos frecuentes. También fue el primero en el que advertí que a papá lo que le importaba era salir de allí, poner rumbo a casa, la suya, la de toda la vida, con o sin normalidad.