¡Qué mes!

Sucedió cuando llevé al niño a clases de inglés. Desde el asiento del coche miré hacia el parque y entonces pude verte. Un mes sin ti sigue pareciéndome eterno y no me acostumbro a disfrutarte tan solo unas horas. Ya te ibas, no obstante. Mañana estarás menguando y para cuando yo vuelva a traer al niño a inglés, tú te verás un poco más pequeña. Bueno. Yo también te veré así. Confundida entre los edificios. Más apagada. Entre sombras. Pero tú, al fin y al cabo. A pesar de la luz que te robamos los que nos ponemos delante del sol. Sé que no te preocupa. Es cuestión de un mes. Pero ¡qué mes!

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