Recogió el toldo con prisa, con el animo de salvar la piedra repentina que caía tras recibir el permiso del reventón térmico. El azogue le nubló la vista ocultándole los daños y dejándola regresar a la cama, donde aguardaba esa visita inesperada que, a la postre, cambiaría de sitio los muebles. Aquella sería, en todos los sentidos, una tarde de tormenta.