La abuela Lola

La abuela Lola nos dejó esta mañana. Si por ella hubiera sido, mucho antes. Tuvo que enterrar a sus dos hijos varones con la edad en la que ahora otros dejan de trabajar. Aquello no lo superó nunca y, a partir de entonces, viviría dolida con Dios por haberla obligado a sentir tanta pena. A su marido, el Señor ya se lo había despachado años antes. Sin enfados en ese caso. Si había tenido que ser así, bien estaba. Bastante tormento dio en vida el abuelo. Una vida que ella lidiaría con lo que eran los hombres de entonces. La abuela Lola nunca tuvo un reproche. Ella nos regaló todo lo que tenía y lo único que se guardó para sí fue, si acaso, una mala cara, un mal gesto o un sinsabor. Murió esta mañana tranquila, acompañada de su única hija viva, tal y como ella, la abuela Lola, merecía.