Solo sólo

Se esconde cuando lo busco. Me da que se ríe de mí cuando lo llamo. Se para cuando tengo prisa. Corre cuando me alcanza la fatiga. Me lleva la contraria y si te dijera que no lo quiero, mentiría. Eso, aunque él me deteste (lo sé) y únicamente esté conmigo porque le conviene (lo sospecho). Imagino que lo destrozará todo cuando me muera. Puede, incluso, que traiga a casa a todos aquellos a los que desprecio. Por un momento he creído escuchar de su boca eso de <bailaré sobre tu tumba>. Todo acompañado de una risa estruendosa, muy humana (demasiado) y la espalda arqueada, echando el cuerpo hacia atrás. Tengo alucinaciones. Debe ser eso. Soy yo. No es él.

No he podido más. El amor tiene un límite y he aprovechado la ocasión para empujarlo hacia la ventana. Sólo silencio hasta escuchar el golpe contra el suelo, los frenazos de los automóviles, los gritos de la gente. Al cabo de un momento, las sirenas de policía y equipos médicos.

Suicidio o descuido, han determinado tras hablar con algún que otro vecino. Yo estoy en shock, camino del hospital. En secreto y consciente de lo que acabo de hacer, me pregunto si podré vivir sin Solo, sólo con mis pastillas. Y sin él, mi perro. Un perro malo, pero al fin y al cabo, mi perro Solo.