Thor es una base de datos. Porta en su media lengua cientos de muestras de ADN dispuestas a ser cotejadas con cualquier fin. Como buen labrador, Thor requiere del contacto con humanos y es en las ocasiones especiales cuando recopila la información, acercándose a los individuos para lamerlos sólo como lame un labrador.
Su capacidad de registro no se ha visto alterada por la ausencia de un trozo de lengua. Antes de recopilar ADN humano, Thor se interesó por las procesionarias. Ahora, en verano, cuando toca «junta» de viejos amigos, la base de datos afila su motor e indexa secuencias genéticas a todo tren. Con suerte, algún día, algún equipo de criminalística consultará a Thor, en busca de algún asesino en serie. A buen seguro, los agentes sólo encontrarán trazas de barbacoa, mojitos y quintos de mahou, sustancias que Thor aloja en la última tabla de su enorme base de datos, movida por la simpatía de la que todo buen labrador hace gala en las «juntas» de viejos amigos.